Lyon tiene una parte patrimonio mundial de la UNESCO, es cuna de los hermanos Lumiêre, de Antoine de Saint-Exupéry (creador del Principito) y de las "madres" de la cocina francesa.
Ideal para pasar en ella 3 ó 4 días. Está muy cerca ( de los españoles );-) y más de los franceses. En sólo una hora y media estás allí.
El aeropuerto es pequeño, aunque si viajas en compañía low cost siempre hay algún recóndito lugar donde los aviones pueden aterrizar que te obliga a andar unos 15 ó 20 minutos hasta llegar a la salida. No pasa nada, el paseo mereció la pena, ya que al final ves esto:
El comienzo no sólo fue bonito sino que empecé a sentir simpatía por los habitantes de Lyon. Cuento la anécdota: En la máquina donde compré el billete de tren que nos llevaría a la ciudad, en lugar de recoger el billete, cogí el justificante de compra de la tarjeta de crédito de mi amiga, dejando por tanto mi billete en la máquina expendaora (que alguien con suerte encontraría más tarde); así que cuando pasó el revisor a recogerme el titulito una vez el tren en marcha, tuvo la santa paciencia de imaginar y creer lo que me había pasado. Desde luego mi cara cuando me dí cuenta de la confusión debió ser un poema, pero vamos, que aquí no creo que hubiera colado. Me encantan los actos de buena fe y sobre todo que no le importara que alguien seguramente viajara gratis con mi billete ( eran 15 euros, ninguna tontería).
Ese detalle termió de ponerme de mejor humor si cabe.
El resto de los habitantes de Lyon con los que topamos fueron igual de ambles, ninguna queja al respecto.
Tras un trasbordo de tren a metro, llegamos al centro de la ciudad.
Lyon es una ciudad que ha ido creciendo extendiéndose desde la montaña hacia los ríos que la cruzan: el Saona y el Ródano. La parte más alta y antigua de Lyon (la ciudad romana) se encuentra en lo alto de la montaña (colina de Fourviere).
Y desde ella se ven unas vistas espectaculares del resto de la urbe.
Que sí, que sí, que ya bajamos, ¡tranquilos!
Un peldaño más abajo en la ciudad nos encontramo el Lyon viejo. Con callejuelas de estilo medieval, llenas de terracitas y tiendas puestas con mucho gusto, para picar, claro. Es ahí donde se encuentra la catedral gótica de Saint Jean. He leído que es el núcleo renacentista mejor conservado de europa junto con el de Praga.
¡Terracita dedicada!
Es aquí (además de en el barrio de las fábricas de seda) donde se puede hacer el entretenido recorrido de buscar y entrar en los Traboules; pasillos en el interior de las casas por los cuales se llevaban las telas para atrochar entre calles paralelas. La actividad tiene su gracia, porque los citados traboules se señalizan en el portal a través de una plaquita que ruega al visitante silencio y respeto por los vecinos que allí viven. La verdad es que mucho respeto no ví yo allí, pero bueno, debe tener su encanto vivir en esos edificios. Además parece que el ayuntamiento, en recompensa por dejar entrar al turista, les subvenciona para el mantenimiento y limpieza del lugar.
Así que esto consiste en que llegas al portal, lo empujas y si se abre ¡"vualá!", entras a una especie de mundo misterioso.
Estos son algunos de los pasillos y patios que visitamos. Las escaleras unen dos edificios contiguos, parece ser que era otra de las formas de ahorrar espacio y tiempo para las comunicaciones mercantiles.
Esta es la placa de las que os hablaba.
Existe una visita guiada a los Traboules, así como a un barrio típico de Lyon donde se fabricó y comerció con seda sobre todo a principios del s. XIX. Ahora sólo queda alguna fábrica aislada aunque dedicada sobre todo a la decoración de la seda y restauración de tapices.
Más abajo todavía, entre los dos ríos y al otro lado del Ródano (el río más alejado de la cidad), están las partes más modernas. La primera es como si dijéramos una isla entre los ríos o Presqu’île como allí lo llaman. Es ahí donde se encuentra el bulevar de antes y los edificios del Ayuntamiento o la Ópera.
En esta parte de la ciudad hay multitud de restaurantes donde comer de maravilla y los famosos Bouchons. Tabernas con gusto donde lo típico es la carne de cerdo y vísceras, aunque se puede pedir de todo. Y sobre todo, según dicen los del lugar, huír de los que en letras grandes a la entrada pongan "Auténtico Bouchon", porque no lo será.
En asunto de comida y vino esta ciudad es una perdición. Todo está buenísimo y de los dulces...ni hablamos.
Los puentes entre los dos ríos son muy bonitos, además de existir un paseo fluvial que en primavera debe ser muy agradable pasear.
Y ya por último al otro lado del Ródano está otra parte de la ciudad donde se encuentra la Universidad; edificio así mismo precioso.
A nosotras nos faltó entre otras cosas coger un barquito que te pasea por los ríos o conocer la parte más moderna (financiera) de la ciudad. A nivel cultural (exposiciones, cine), parece que tiene bastante actividad, aunque tampoco lo catamos.
Y por si alguien está interesado en hacer un viaje en el puente de diciembre os diré que Lyon en esas fechas está totalmente iluminada en lo que llaman la fiesta de las luces. Supongo que debe ser una maravilla verla así.
Espero que os animéis a visitar Lyon. Merece la pena.









¡Muy completo tu reportaje, Marinette! :-)
ResponderEliminarHe estado un par de veces en Lyon, pero siempre sin tiempo para ver despacio la ciudad. Me ha gustado mucho conocerla por primera vez en profundidad gracias a esta entrada.
Con los franceses, mi experiencia es semejante a la tuya. No sé por qué tienen tanta fama de bordes, los pobres. A mi siempre que he ido por allí me han tratado muy bien.
Un beso. ¿No vemos entonces este finde, no? ;-)
¡Hola Víctor! Me alegro que te haya gustado, He de reconocer que a veces cuando iba paseando por Lyon , hacía alguna foto pensando en el blog ;.)
ResponderEliminar¡No la de Marinette!, jeje. Eso fue idea de Marta.
Al final el viaje a Annecy no pudo ser; había que sacrificar un día y Lyon merece pasearlo tranquilamente.
Por supuesto, este finde lo dejamos reservado y así sigue.
Seré cómoda y os cedo el honor de la planificación...
Besos